Iceberg – Mónica Espinosa

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Sala de Proyectos

23 de Febrero, 2010 – 06 de Abril, 2010

A finales del año pasado me enteré que un iceberg se había desprendido de su lugar de origen y que todavía se dirige a estrellarse contra Australia, con una superficie de 225,33 kilómetros cuadrados y con un peso de 200.000 millones de toneladas, la dimensión de este enorme iceberg es aproximadamente dos veces mayor a la de Hong Kong.

 

El proyecto de cuarto que se presenta en la galería Arroniz, en la Ciudad de México, en cierto sentido está inspirado en este hecho. El espacio que habitamos no es cerrado se hace de pequeñas o gigantescas aperturas, al partir un limón a la mitad estamos haciendo espacio, igual al dejar a un lado nuestra sudadera para irnos a dormir, o cuando nos cortamos las uñas o se nos caen nuestras pestañas, también cuando un enorme icebeg decide desprenderse de su lugar de origen; se pone una palmada sobre la mesa, no lo hace el iceberg, ni el limón, ni el dedo, tampoco las uñas, el espacio es quien lo hace, él pensándose así mismo, desmembrándose. Acontecimientos que en este desprendimiento nos dan la oportunidad de hacernos ligeros.

 

Siempre he pensado que el paisaje está formado no por aquellos elementos que dominan el panorama sino por aquellos que pasan desapercibidos como el aire. Es conmovedor ver todo el tiempo cómo a la par del universo entero nos desprendemos constantemente; de cierta manera seguimos siendo nómadas a veces haciendo grandes intermedios y aunque la mayoría de las veces son brevísimos, finalmente hacemos espacio, un filósofo lo sentenció de esta manera: “la mitad es más grande que el todo”, supongo que porque esa apertura simplemente señala lo que puede ser posible; Marcel también lo pensaba de manera similar: “El artista no hace obras, sólo señala lo posible”. Algo tan obvio, tan cercano a nuestra cotidianidad que “cuando pinta -como plantea Daniel Buren- podemos decir que pinta como cuando decimos llueve”, la cotidianidad nos aborda a través de los espacios. Generalmente nos suelta, se desprende, hace posible que el mundo suceda.

 

La pieza consta a grandes rasgos de dos paredes de madera contrapuestas que hacen un pasillo, ahí se colocan recargados sobre los muros una serie de objetos que señalan la apertura del espacio, al mismo tiempo se le pide a un número de personas que recarguen objetos sobre las paredes y que documenten el espacio que se abre entre ellos y el objeto dejado (la documentación es variada desde audio, fotos y video). Una vez que lo dejan y cuando regresan por él se termina la documentación. Es una pieza en proceso, por lo tanto, la documentación de todas estas aperturas se concluye hasta que acabe la exposición.

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